
El escritor Juan Sasturain plantó a todo un auditorio. Así podría no sólo comenzar sino continuar una crónica hablando de cómo un nutrido grupo de neuquinos se quedaron el viernes pasado en el Museo Nacional de Bellas Artes aguardando el fallido arribo del escritor.
La cita se cambió para el día siguiente, sábado, bajo el argumento de que había perdido el vuelo.
El sábado finalmente llegó y con él el vuelo de Buenos Aires y Sasturain.
El primer gesto que tuvo para con el público fue el pedido de disculpas basado en una simple verdad: "Me quedé dormido y no llegué a tomar el vuelto", dijo en resumidas cuentas el escritor que mantuvo un cálido diálogo con el auditorio y firmó libros hasta tarde.
Hoy encontré en mi Facebook el link que me sugirió una amiga para leer la
contratapa del diario Página 12 donde encontré este poema de Sasturain que les acerco.
InstruccionesPara recuperar una mujer
hay que estar dispuesto a todo.
A todo
menos
ella.
Porque ella es todo lo que uno no tiene.
Es decir:
uno tiene el mundo pero
la realidad es:
ella de un lado
y uno y todo lo demás
del otro.
Y hay que estar dispuesto a disponer de todo
para que ella disponga,
se sirva, se abra,
se ponga y se deje.
Para recuperar una mujer
hay que estar dispuesto a hacer
un embudo
y meter toda la vida en él
para que vaya y caiga
sobre ella;
hay que encender
un ventilador
en el sentido de todas las palabras
y hacerlo soplar
sobre ella;
hay que meterse, finalmente,
en una picadora de carne
y hacer con ella empanaditas
que ella pueda
comer sin esfuerzo;
hay que disolverse y llover
sobre ella
y todo es poco
y no duele
que duela.
Para recuperar una mujer
hay que entrarle por todas partes:
ser la basurita en su ojo,
el ruido que no la deje dormir,
un resto de amor pegado
a su contestador
como
un residuo entre dientes
para su eterno forcejeo;
una piedrita en el zapato,
una gota de sangre en el borde
de su cama
y de su olvido.
Para recuperar una mujer
todo es poco
porque primero
hay que haberla perdido.