
Sebastián Jara (75) es propietario del puesto La Orqueta en el paraje de Santo Tomás, a unos 34 kilómetros de Piedra del Águila. Jara nació y se crió en el puesto que perteneció a su padre y su abuelo respectivamente. “Acá estoy desde siempre, sólo me fui cuando hice la milicia”, recuerda el longevo productor. “Desde hace unos ocho años se viene sintiendo cada vez más la presencia del puma en la zona y nos está causando mucho daño”, relata preocupado el puestero.
“Hay madrugadas que nos despertamos y encontramos unas 20 chivas muertas que para nosotros es mucho porque tenemos un piño de unos 300 animales”, cuenta Dionisio López (49) otro de los productores afectados.
De acuerdo a los guarismos relevados en los puestos, el profesional estimó que en los últimos cinco años los ataques de pumas pasaron de afectar el 5 por ciento del ganado menor de la zona a un 30 por ciento promedio en la actualidad.
Martín Valverde, biólogo del Centro Ecológico Ambiental Neuquén (CEAN) explicó que “el puma es un depredador autóctono de la zona y se abastece principalmente de la fauna del lugar que está compuesta por liebres, choiques y zorros. La recolonización de la zona que ha hecho el puma lo ha llevado a atacar al ganado menor que es indefenso”.
El experto del CEAN aclaró que no siempre que mata el puma es para comer, sino que muchas veces lo hace sólo por instinto. “Las hembras, por ejemplo, para enseñarle a cazar a los cachorros pueden llegar a matar en una noche unas 20 chivas. Es por eso que cada tanto los puesteros se encuentran con matanzas considerables”, comentó Valverde.
La problemática que ha puesto en jaque a los puesteros llevó a que ambos expertos trabajaran en conjunto y elaboraron un proyecto con el que lograron captar fondos de Nación para desarrollar corrales antidepredadores y mejoramientos perimetrales para unos pocos puestos de la zona.
No obstante, aseguran que esto es un paliativo y que es necesaria la asistencia de la provincia para desarrollar un plan más complejo que se extienda en el tiempo como una política de estado porque de lo contrario los puesteros de la zona podrían quebrar.
Imitan corrales sudafricanos
“Estos corrales son parecidos a los que se construyen en Sudáfrica para evitar que los leones se coman el ganado”, aclaró el mentor de la idea, Martín Valverde biólogo del Centro Ecológico Ambiental Neuquén (CEAN).
El corral se armó en el puesto La Orqueta del paraje Santo Tomás en Piedra del Águila. Se trata de un predio de 400 metros cuadrados recubiertos por una cerca olímpica que arranca 50 centímetros debajo de la tierra, para que el animal no ingrese escarbando, y dos metros de altura en cuya parte superior sobresalen tres líneas de alambre de púa que evitan que puma pueda trepar el corral. Además la tela está cubierta con maya media sombra “que reduce en la noche la visión del puma e impide que se le despierte el instinto de caza”, explicó el biólogo.
“Los corrales obligan a que los puesteros se tomen el trabajo de repuntar todas las tardes el ganado por lo que hay que generarles nuevo hábitos a los productores”, detalló Gustavo Forischer técnico de Nación.
Al corral se suma las trampas con cebo vivo y el mejoramiento de las aguadas que son zonas de ataque preferidas por los pumas.
No obstante los expertos insisten en la necesidad de relevar la población de pumas y es por eso que reclaman el apoyo de la provincia. Ante la carencia de recursos para emprender la labor se están realizando dos acciones en paralelo para tener una idea estimativa de la población de pumas.
Es por ello que a los puesteros se les pidió que cuando cacen un puma le extraigan el aparato digestivo y una muestra de cuero con pelo. Estos elementos a los biólogos del CEAN le sirven en el caso del aparato digestivo para determinar el tipo de dieta que tuvo el animal y su variación. “En cuanto al pelaje nos ayuda a establecer aproximadamente las generaciones de pumas en existencia”, detalló Valverde.
La economía familiar del puestero
El ganado es la principal fuente de ingreso y mantener bien alimentadas a las chivas es una tarea que consume la mayor parte del tiempo debido a la escaza vegetación de la zona.
“Tenés que llegar a la época de parición con las chivas en forma porque hay muchas que abortan por falta de olla”, explicó Dionisio López quien en la última temporada de 250 chivas sólo obtuvo 100 chivos.
Durante la época de servicio, que es en abril, los puesteros salen a conseguir castrones reproductores para preñar a las hembras. “Un castrón en remate arranca en los 600 pesos y llega a los 1.600 pesos, por lo que si un puma te mata un par de castrones prácticamente te fundís”, comentó el puestero del paraje de Santo Tomas.
Una vez que fueron servidas las chivas hay que desparasitar al ganado, proveer las vacunas y darles calcio lo que conlleva una inversión considerable.
La vuelta de todo lo invertido se logra con la venta de los chivos a los que le sacan en promedio unos 150 pesos por res y después se suma la esquila anual que se realiza en marzo. Por animal en promedio se obtiene hasta un kilo de lana que en el mercado cotiza a unos 25 pesos.
No todos los años las cuentas de estos puesteros cierran en forma satisfactoria ya que la mínima ganancia está destinada a mantener a la familia que por la zona son numerosas. En algunos casos con un piño de 300 animales viven hasta tres generaciones del puestero.
Fotos: Quimeras