domingo, 28 de febrero de 2016
domingo, 7 de junio de 2015
Macabras ideas de domingo
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Una apuesta a la nada, por nada me dejaron al borde de un
precipicio que tienta más que tres corazones indefensos latiendo.
Una redonda que urge su efecto. Por dentro, un relato salvaje
que choca con sus autos, golpes y puñales en toda esta cascara pero que no se
anima a salir con su furia implacable.
Siempre las culpas están ahí, siempre buscan una nueva,
reinventan otra, resucitan otras milenarias y todas las cargan a la misma cuenta.
Esos ojos claros, ciegos, egoístas, que juzgan
todo, dan tanta bronca.
La cuerda en el árbol es una tentación, solo basta arrastrar
la escalera y subir por el filo de esos escalones que agotan la vida con cada
paso. La soga está húmeda y tan fría como los visitantes de las morgue. Lleva un par de horas alcanzar el rigor mortis, pienso mientras cerco mi cuello.
Atrás habrán quedado los despertadores, las corridas, los
títulos, las comas, los adelantos y la sonrisa fingida. El cigarrillo prestado
que fumo en busca de una bocanada de aire. También habrán de quedar colgadas
todas las culpas, la ausencia interminable hecha jirones y todas las
posibilidades infinitas que nunca mostró el GPS.
Este aire que llega a mis pulmones como un bálsamo
no imagina que está siendo el último.
Los escalones se vencen, el cuerpo cae en seco y la cuerda
se desarma para que este cuerpo que debería estar flotando sin aliento a centímetros del
suelo, ahora esté embarrado, aliviado, fracasado y sin otra alternativa más que encender un cigarrillo acompañado por un silencio y una nada que estremecen.
martes, 12 de mayo de 2015
sábado, 30 de agosto de 2014
La tregua
De nuevo la fiebre y la tos invaden todo mi ser. Esta suerte
de infierno zarandeante no me deja descansar. El esqueleto completo clama por
una tregua que no llega.
Ahogado, mareado y somnoliento, respiro poco pero alcanza.
Es como si el aire llegara a cuenta gotas a los pulmones. Sólo sirve para
mantenerme postrado.
Caminar se transforma en una aventura digna de una novela de Julio Verne.
Cuando llego al baño, después de mucho esfuerzo, el espejo
es un tormento. Refleja un rostro pálido y huesudo propio de un prospero
cadáver.
De adentro salen despojos de flema, sangre y vida, y vida
que se escupe con dolor, con ese inmenso dolor de saber que próximamente
seremos olvido.
La vida es algo que transcurre por mi ventana. Allá afuera
se sienten las caricias del sol, la brisa matinal y el viento vespertino. Ese
pájaro, de patas y pico naranja, que no sé cómo se llama, canta pero afuera.
Adentro todo es silencio, huele a flores marchitas, a final
de velatorio cuando hay que volver todos los muebles a su lugar y vaciar los
floreros.
Por suerte, todavía la suerte existe aun en este estado,
pastillas de colores y un jarabe amargo ofrecen una tregua y el cuerpo se
desvanece.
Ahora, las sabanas parecen de plomo y mi cuerpo se vuelve más liviano dispuesto a emprender un vuelo eterno.
miércoles, 27 de agosto de 2014
De pestes y fármacos
Acabo de apagar el nebulizador y el horrendo sonido
concluyó. Ahora sólo son las teclas.
Estoy enfermo pero en todo el sentido. Tengo una bronquitis
asmática desde hace 10 días. Estoy con antibióticos, corticoides y
nebulizaciones. Por si no lo dije, desde hace 10 días.
Para dormir, como se me cierra el pecho y cuesta respirar,
debo hacerlo sentado en la cama....monstruoso. Pero para que todo tenga una
dificultad mayor se suma otra cosa, como no tengo que agitarme ni desesperarme
y en una persona ansiosa como yo todo eso es muy posible que
pase, es más pasa,
me tengo que tomar un par de gotas de ribotril para bajar un cambio. Por lo que
dormir se convierte en una aventura digna de un sueño...ah por cierto sufro de
insomnio.
Esto parece joda, digo, todo contado así con total
desparpajo como si le ocurriera a otro. Pero no, me ocurre a mí y aquí estoy
tomando un té de hiervas naturales que se mezclan con cuanto fármaco anda dando
vuelta por la casa.
Lo único que quiero es respirar, tranquilo, sostenido, sin
ahogarme en medio de una tos seca que violenta todo mi ser. Las venas del
cuello parecen entrar en transformación y con una vehemencia admirable y una
fortaleza abdominal trato de expectorar, es decir intento escupir, un fluido
denso que ni bien sale aparece otro que corta mi respiración y la rueda sigue
así por varios minutos.
Esta violenta acción de toser termina dejando mi cabeza al
borde del estallido y un mareo profundo me quita todo el equilibrio y necesito
refugiarme en una silla o en la cama, sí, en la cama pero sentado, ¡qué
estupidez!.
En fin, así voy transitando la peste más larga en mis 40
años que ya a esta altura no sé si voy a poder superar. Debo admitir, más allá
del tono simpático o sarcástico, que ando con miedo, con miedo de ese que te
llena la cabeza de preguntas y te plantea escenarios catastróficos. En
fin...nada que la muerte no vaya a concluir de una vez y para siempre.
Que descanses...yo no lo haré!!!
jueves, 13 de febrero de 2014
El cura que nunca se calló ni ante Dios
Esta entrevista la realicé allá por enero de 2006 y me ayudó a cambiar la imagen que tenía de los curas. Roberto Juárez pasó de ser un entrevistado a un compañero de trabajo con el cual compartimos una actividad multidisciplinaria vinculada a la problemática carcelaria de Mendoza en aquellos años.
Frases como: "Para tener a la gente como la tenemos en la cárcel es más humano y cristiano matarlos, para que mueran con dignidad , y no irlos destruyendo como personas", y "le dije a Dios que el hombre, que es su creación, le había salido para la mierda".
Les dejo la entrevista del hombre que nunca cerró la boca ni ante Dios.
Entrevista a Roberto Juárez, capellán del penal de Mendoza
"Es más humano matarlos"
Lo
que muestra su fisonomía física puede llegar a traer una primera impresión
errónea ya que es flaco y al tener barba su rostro se ve más delegado aún. No
obstante, es un tipo de carácter, con un lenguaje llano que dice las cosas por
su nombre.
Roberto
tiene una historia de vida compleja (ver a parte) y fiel a su forma de ser ha
sabido tener fuertes enfrentamientos las autoridades gubernamentales y
eclesiásticas.
Su
trabajo en la penitenciaria lo inició en 1992, invitado por un capellán jesuita
de ese entonces.
¿Qué te llevó a trabajar en la cárcel?
Hasta
que me invitaron nunca había pasado por mi cabeza la idea de la cárcel, no
estaba entre mis objetivos, inquietudes ni nada. Vine por eso que dice el
evangelio de “estuve preso y me visitaron”. Es difícil decir qué pasó dentro
mío, de hecho todavía estoy tratando de explicármelo.
¿Qué descubriste?
Para
mi se abrió un mundo confuso, difícil, que lo vivo en contraste. Acá encontré
lo mejor y lo peor del ser humano y de mí. Descubrí lo peor de mí, el asesino,
el violador todo eso que todos tenemos potencialmente y que no se desarrolla
porque estoy más atento y por haber tenido muchos más medios que muchos de los
que están acá no tuvieron.
¿Has vivido situaciones límites estando acá?
Sí,
pero el pico fue el motín de la Vendimia del 2000. Terminado el motín, ese
lunes, se puso como condición en el petitorio que gente de la pastoral y
legisladores supervisáramos la requisa que hacia infantería de la policía.
Estuvimos en un primer pabellón donde todo fue muy ordenado y muy digno, si es
que se puede hablar de dignidad. Pasado ese pabellón los legisladores se
sacaron la foto y se fueron, durante toda la requisa estuve yo con un
legislador amigo que se quedó. Esa fue una de las experiencias más terribles de
mi vida y degradante del ser humano.
¿Por qué? ¿Qué viste?
Vi
como hacían salir a los internos en pelotas, apoyados sobre las paredes de los
pabellones, mientras la policía destruía todo lo que tenían, aparatos y demás.
Al jefe de la requisa le dijimos que era innecesaria tanta destrucción y
vandalismo. Estaba todo descontrolado era un desquicio de todos, un desborde de
bronca, de ira, de furia y de locura.
¿Qué sentiste en ese momento?
Me
sentí con la mierda hasta las orejas. La mierda de los internos, de los
penitenciarios y la policía, la mierda de la sociedad, de los políticos y con
mi propia mierda. Fue una experiencia límite donde me planteé si me iba o me
metía de lleno en la mierda para sobrevivir ahí. Tenía ganas de que todos
voláramos porque eso no tenía sentido y era todo un absurdo.
Y Dios, ¿qué pasa con Dios en ese momento?
Me
puse ante Dios y le dije que el hombre, que es su creación, le había salido
para la mierda. Reponerme de esto me costó bastante tiempo, porque elegí
quedarme y no quería quedarme para desparramar mierda, sino porque más allá de
lo que aparece creo que todo ser humano está creado a imagen y semejanza de
Dios, ese es el sustento de mi fe y además considero que el hombre es
redimible.
¿En algún momento desde la penitenciaria han
intentado condicionarte en tu libertad de expresión?
Por
ahí me han llamado la atención, pero yo siempre he tenido una actitud franca.
¿Y desde el Arzobispado?
Una
vez le mandé una carta muy dura al gobernador Rodolfo Gabrielli con copia al
intendente de Guaymallén, Jorge Pardal, y al arzobispo, en ese entonces,
Candido Rubiolo. Pardal me llevó a comer a Don Mario y me dijo que tenía cosas
más importantes y lo social no le calentaba tanto. Rubiolo me había ordenado
como sacerdote, pero cuando me llamó tuve una desilusión muy grande porque me
tocó un aspecto personal y familiar mío, como fue el encontrar a mi padre, que
no tenía porqué. Esto me molestó a tal punto que pensé en irme de la diócesis.
Cuando él dejó el cargo finalmente hicimos las paces.
En junio del año pasado en la requisa que se hizo
hubieron abusos?
Sí,
le metieron palos en el ano a los internos y destrucciones muy grandes por lo
que reviví todo lo que pasó en el 2000. Fue una situación abusiva y de
injusticia.
La denuncias que formuló Amnistía Internacional
sobre las condiciones de vida infrahumanas dentro de la cárcel, ¿Eran así?
Todo
era así. Cuando me preguntaron si las denuncias de lo abogados eran movilizadas
por algún interés económico, les dije que no sabia si había un interés
económico sino que eran los único que habían puesto en evidencia situación que
se sabían que existía y que nadie lo decía.
¿Cuál es tu visión de la cárcel?
Esto
es producto de nuestra sociedad que es muy hipócrita. Un sacerdote amigo, que
no es mendocino me decía: ‘Ustedes los barrios pobres los quieren esconder con
árboles y los ricos están en country’. Somos de esconder las cosas y eso no es
sano. Acá hubo un genocidio que fue durante la represión, pero ahora estamos
reeditando un genocidio con los jóvenes que llenan nuestras cárceles que
consideran no deseables y que son irrecuperables la gran parte de ellos.
¿Esto se lo has dicho a los políticos?
A un
alto funcionario que me dijo que son irrecuperable, le dije que hay que
blanquear la situación y si consideran que son irrecuperables los tenemos que
matar porque no tiene sentido hacer nada. Estos no son desaparecidos como en la
dictadura, estos ni siquiera han aparecido porque son excluidos a los que
tratan como ciudadanos de segunda por haber nacido en situación de miseria y
pobreza.
¿Matarlos?
Para
tener a la gente como la tenemos en la cárcel, es más humano y cristiano
matarlos para que mueran con dignidad y no irlos destruyendo como persona. Por
eso el lamentable que hayan tenido que venir de la corte internacional a
decirnos que nos demos cuenta de esta situación.
Entonces, acá existe la pena de muerte encubierta.
Acá
hay condenas a muerte tácita, no abiertas que sería más honesto. Acá los dejan
que se maten entre ellos en ajuste de cuenta o los matan en su dignidad de
seres humanos. Los políticos deben saber que se puede pecar por acción u
omisión y acá no han hecho nada para evitar esta situación.
¿A los internos qué les decís?
Le
planteo que cada uno tiene libre albedrío, y si quieren seguir robando es una
elección personal. Sobre todo hablo con los jóvenes que han tenido muy pocas
posibilidades y si pudiéramos trabajar con ellos en un programa sostenido y
serio muchos no reincidirían.
La
mejor inversión en seguridad es evitar la delincuencia y hacer que el que está
detenido se pueda reinsertar.
¿Cómo ven los jóvenes delincuentes la cárcel?
El
otro día uno me decía que ‘acá lo único que estoy aprendiendo es a robar mejor,
esto es una universidad de la delincuencia’. Eso es lo único que estaba
aprendiendo sistemáticamente.
¿Se cumple con la corrección y reinserción del que
delinque?
No
se cumple. Sí hay intentos más que válidos pero son aislados. Lo que hace falta
y se lo dije al gobernador, es una política penitenciaria sustentable y no
solamente la voluntad de los que trabajamos acá y que cada vez estamos más
desbordados porque es mayor el número de internos, porque las instalaciones,
incluidas las nuevas, tienen menos espacios para desarrollar talleres o aulas
de aprendizaje. Sería bueno que la clase dirigente deje de usar la cárcel
políticamente que es muy nocivo.
¿Los internos como mantienen la fe viviendo de esta
forma?
Vivir
acá es una situación límite para el ser humano. De hecho la ley es una
contradicción porque pide que se le enseñe al hombre a vivir en libertad
estando prisionero, cosa complicada. La pena que les impone el juez, ellos no
la eligieron, lo que sí eligen es cómo vivir la condena.
¿Valoran la vida?
La
población joven es la que menos valora la vida, pero cuando te pones a escuchar
sus historias con situaciones de miseria, abuso, explotación por lo que es
imposible que valoren la vida si nadie valoró la suya por eso por un Poxirrán o
por dos pesos pueden llegar a matar.
¿Los
que trabajan con los internos cómo se sienten?
El personal que está muchas horas con los
internos también está en condiciones infrahumanas. Siempre digo que algunos
trabajos son honorables aquí nuestro trabajo nos hace sentir miserables porque
no tenemos los medios, se nos pone en situaciones que nos desbordan porque a
veces no contamos con un baño o un lugar digno para ducharnos o descansar un
rato cuando uno tiene que estar hasta 36 horas.
¿Qué
opinión te merece la clase dirigente?
Creo que tienen que estar acá adentro. Un
vecino me dijo una vez que tenía la solución para la cárcel, ‘un revolver y
unas balas’. Yo le dije que se lo aceptaba con una condición, que empezara con
los grandes delincuentes que son los que arruinan a los pueblos, que hacen que
niños y jóvenes pasen hambre, desnutrición y miseria. Hay ámbitos de las
personas que están en el poder que no les van a permitir llegar a la cárcel,
por influencias, modos y toda una serie de vericuetos y trenzas que los
terminan beneficiando. En esto el consuelo que me queda es que en el
Apocalipsis, cuando llega el juicio de Dios, se dice ‘llego el momento de
arruinar a los que arruinaron la tierra’.
¿Renunciarías?
Me lo he preguntado pero el tema de estar
en la cárcel conmigo es porque yo me enfrento con Dios acá en la penitenciaría.
Yo le digo, si realmente has venido a buscar y salvar lo que estaba perdido,
demostralo acá. Esto parece como un desafío que le hago a Dios y por ahí siento
que no lo percibo pero la que siempre me salva es la virgen María, por eso soy
muy mariano y tengo una devoción muy especial por María.
Historia
personal
"Yo era Villegas, tendría que ser García pero terminé siendo Juárez” así resume el Padre Roberto su compleja vida familiar
que lo lleva a sentir que es “un paria, como el resto de los que están acá en el
penal”.
Sus padres estuvieron de novio y tras una
rápida relación nació Roberto quien se crió con su abuela materna. Mi mamá
había formado una nueva pareja, hasta los ocho años yo creí que era mi hermana,
hasta que el esposo de ella me dijo en forma poco diplomática que ella era mi
vieja” recuerda el cura. De ahí le cambia la vida y se entera que tienen un padre
que va a conocer recién a los 33 años cuando era párroco en el Barrio Santa
Ana. Desde los 12 años que muere su abuela se cría con una familia adoptiva que
le da el apellido Juárez. A los 14 años finalmente va a romper con su familia
de sangre. A los 16 años ingresa al seminario.
“A los 31 años mi vieja me dejó los datos
de mi padre, que vivía en San Luis. Nunca tuve inquietud por conocerlo hasta
que se me presentó”, explicó el cura quien siente muy de cerca la obra de Dios
que le brinda un temple suficiente como para no desmoronarse ante los avatares
que ofrece el trabajo en la penitenciaría.
lunes, 9 de septiembre de 2013
Desesperación
El ron arrasa la garganta pero no aleja esas
figuras firmes, perennes que me rodean.
Me digo que es la crisis de los 40, más de la mitad de mi
vida ha transcurrido y si bien respiro con eso no basta. ¡Basta! es lo que me
digo y la televisión me atropella con más de 70 canales de nada, de esa nada
que no me abandona.
Y la muerte que insiste con entrometerse con su ritual sádico que sumerge en un laberinto minado de olvido y nada.
Me resisto y pienso en esa frase que dice que “la vida está
siempre abierta a las posibilidades. La muerte es la imposibilidad de las
posibilidades”. Ayuda pero nada.
La taquicardia se hace sentir, la respiración se acelera y
la cabeza parece estar montada arriba de un formula 1 carente de frenos. ¿Por
qué tanta furia?
Tengo una jauría adentro y cientos de seres que me señalan.
Ensayo un pacto paranoide: bajen sus dedos y dejo de ladrar. Pero sus dedos
montan en cólera y se abalanzan sobre mí para desmembrarme.
No hay escapatoria, el sueño llegará por inducción. Una
redonda me hace sucumbir en las sábanas. La noche me ha atrapado.
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